Libertad
Bajo el sol que castiga y el plástico que asfixia, emerge una mirada. Sabina Huber rescata del olvido el rostro de quien habita el «mar de plástico», devolviéndole su identidad sobre el mismo material que marca sus jornadas.
No es solo un retrato; es un testimonio de resistencia. El plástico, ajado por el tiempo y el uso, se convierte en la piel de un hombre que ha dejado su huella en la tierra. Las líneas oscuras del rostro parecen brotar de las mismas cicatrices del material, creando un diálogo silencioso entre el ser humano y el residuo, entre la dignidad de la labor y la fragilidad de su condición. Es una imagen que nos obliga a mirar de frente a quien, desde la sombra del invernadero, alimenta al mundo.