Escayola y Cera

Fragmentos de la memoria: El rastro del tinte
Esta obra es un receptáculo de historias suspendidas. La escayola, blanca y árida como los muros de una medina, encierra en su centro un pozo de cera azul que late con la intensidad de los tintes milenarios. Es un homenaje a las curtidurías de Fez o Marrakech, donde el tiempo parece haberse detenido y la presencia humana se manifiesta en el olor, el esfuerzo y el color que impregna las manos de quienes allí trabajan.
La cera no es solo materia; es un fluido que atrapa la luz y la memoria, sugiriendo esa «huella invisible» que el cuerpo deja sobre el cuero y la piedra. Al observar este fragmento, no vemos solo un objeto, sino el eco de una industria que resiste a la modernidad, preservando la esencia de un oficio que se escribe con pigmento y alma en el corazón de la ciudad.