La luz que queda
Esta nueva etapa marca el paso de la denuncia del residuo plástico hacia una
profunda experiencia cromática. Utilizando el papel monograbado como piel, estos cubos
heredan la rigidez del invernadero para suavizarla con el tinte y la textura, convirtiéndose en
auténticos contenedores de luz.
A través del monotipo, cada cara del poliedro es una impronta única; una huella dactilar que
transita de lo artificial a lo vivo. Ya no observamos el objeto industrial, sino la abstracción
lumínica de un entorno donde el color transforma el volumen en una experiencia rítmica,
celular y vital.
profunda experiencia cromática. Utilizando el papel monograbado como piel, estos cubos
heredan la rigidez del invernadero para suavizarla con el tinte y la textura, convirtiéndose en
auténticos contenedores de luz.
A través del monotipo, cada cara del poliedro es una impronta única; una huella dactilar que
transita de lo artificial a lo vivo. Ya no observamos el objeto industrial, sino la abstracción
lumínica de un entorno donde el color transforma el volumen en una experiencia rítmica,
celular y vital.