Diario
«Diario» es una cartografía de lo invisible. El alambre usado abandona su rigidez industrial para
convertirse en un trazo suspendido, una escritura tridimensional que registra el paso de las
horas. Al eliminar los plásticos de invernadero, la obra se despoja de su piel, dejando al
descubierto el esqueleto de la memoria.
Cada uno de estos nueve cubos actúa como un contenedor de aire y tiempo. Las líneas, que
vibran con la imperfección de lo vivido, sugieren que ningún día es igual a otro. La repetición de
la forma cúbica establece un secuencia rítmica, casi meditativa, donde el vacío no es ausencia,
sino el espacio donde resuena la experiencia. Es una obra que nos invita a observar cómo la
fragilidad del metal puede sostener el peso de toda una biografía.
convertirse en un trazo suspendido, una escritura tridimensional que registra el paso de las
horas. Al eliminar los plásticos de invernadero, la obra se despoja de su piel, dejando al
descubierto el esqueleto de la memoria.
Cada uno de estos nueve cubos actúa como un contenedor de aire y tiempo. Las líneas, que
vibran con la imperfección de lo vivido, sugieren que ningún día es igual a otro. La repetición de
la forma cúbica establece un secuencia rítmica, casi meditativa, donde el vacío no es ausencia,
sino el espacio donde resuena la experiencia. Es una obra que nos invita a observar cómo la
fragilidad del metal puede sostener el peso de toda una biografía.